CAMBIO DE PARADIGMA


“El Despertar”

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No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.

Virginia Wolf

Hace algún tiempo que los acontecimientos de la cotidianeidad marcan un ritmo, en la vida de todo ser humano absorto de la realidad, se ve rebasado por los acontecimientos producto de las decisiones que ante tiempo lugar y circunstancia considero lo mejor; pero su experiencia no ha sido la más placentera; ya que se ve conducido por el vaivén de las emociones descontroladas, producto del juicio de valor y por la desilusión que generan su expectativas y necesidades. Algunas llevándolo a la insaciabilidad y a la vacuidad; así ha aprendido a sobrevivir con el condicionamiento de nuestro razonamiento generando  barreras que marcan nuestro sentir: Odio, Cólera, Resentimiento y Miedo.

Estas percepciones que llenan nuestros sentidos todos los días, como producto de un proceso tan sutil en base de esas primeras experiencias, que nos llevan a sentirnos amenazados, es por ello que nos separamos de la unidad esencial buscando algo que nos “facilite” a sobre llevar esa carga emotiva, generando el “Ello…Ego de Carl Jung., Creo el mundo que hoy percibes a través de la emoción visceral para su disfrute, porque el busca la experiencia de placer sin perturbación alguna; porque es parte de su proyección idealista.”

Estas emociones básicas producto de “Ello…Ego”, esas sensaciones o matices de insatisfacción son como activadores de un sistema de adaptabilidad, que retejen un programa y se reflejan en nuestras experiencias diarias de dolor y más aún, en el sufrimiento que van paso a paso desintegrando nuestro ser, creando una dependencia y circulo vicioso: juzga, culpa, justifica, dicta sentencia e intelectualiza.

Nos hemos permitido llevar por tales niveles alterados que han distorsionado nuestra conciencia haciendo creer en cosas que son contrarias a nuestra esencia y nuestra propia naturaleza, somos el único ser viviente que con tal adaptabilidad al dolor que lo volvemos en sufrimiento y como si no fuera suficiente, creamos nuestras enfermedades  o dolencias en base al temor de acontecimientos que nos han aislado y polarizado del verdadero ser concebido, por lo tanto irreales, todo esto como producto de una percepción distorsionada de la realidad.

 

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