Efectos Colaterales en el Sentir


Evento Psicoemocional Post-Traumático

16580025-nube-palabra-abstracta-para-el-trastorno-de-estres-postraumatico-con-etiquetas-y-terminos-relacionadExiste en la vida momentos o circunstancias que nos marcan, cuando hablamos del factor circunstancial de un evento, por lo general hablamos de un estado de suspensión animada, en un espacio tiempo de un nano o milisegundo, en donde un evento es cargado de una carga bioenergética y este instante por minúsculo que sea impacta  el sentir humano a tal grado psicoemocionalmente hablando, no solo la psiquis sino a todos los sistemas de nuestro Ser.

Que hace que ese instante por muy pequeño que sea tenga tal impacto en nuestra vida cotidiana. Esta facultad psíquica es crucial y definitiva para las personas, pues la conciencia que tienen de sí mismas se basa en buena medida en su capacidad para reconocer, en su habilidad para rememorar su pasado y en el recuento de su propia vida. Más aún, las personas recolectan no sólo vivencias personales, sino un enorme bagaje o cumulo de conocimientos adquiridos, almacenados y útiles para vivir. Y si la inteligencia es una capacidad para actuar y resolver la vida, el material que utiliza para realizarlo está en buena medida en la memoria, la cual por medio de esta ruta de acción sobre el mundo se imprime en el medio y lo modifica.

imgWorking_smallLas operaciones inteligentes del hombre no comprenden sólo situaciones significativas prácticas en relación con la conducta típica, sino que  (Sanguineti 2007) nos menciona:

1) Separan de modo abstracto todo tipo de relaciones, propiedades y objetos (incluso el mismo universo), para considerarlo, si se desea, al margen de intenciones o situaciones concretas (universalidad absoluta: apertura a todo tipo de posibilidades o al ser como tal).

2) Captan contenidos por puro interés especulativo, sin tener necesariamente una finalidad práctica fuera de la actitud contemplativa.

3) Iluminan, a veces por puro deseo especulativo, situaciones concretas a la luz de razones universales. Por ejemplo, el hombre, si quiere y puede, es capaz de estudiar el arte y la cultura fenicia, con todo un bagaje de universales, sin ningún interés práctico, sencillamente para conocer la verdad.

4) Crean de modo abstracto todo tipo de relaciones nuevas, estableciendo normas universales: por ejemplo, crea sin límites nuevas gramáticas o nuevos lenguajes, y es capaz de inventar todo tipo de instrumentos técnicos, condicionado por las disponibilidades materiales, pero sin límites formales.

5) Captan las estructuras ontológicas de la realidad como tales: no sólo comprende materialmente la realidad, la causalidad, las personas, etc., sino que capta como tal lo que supone ser real, ser posible, ser imposible, ser irreal, ser poco útil, ser idéntico, ser significativo, ser amable, ser interesante, etc.

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Naturalmente, el hombre no conoce todo esto de modo automático, sino contando con el tiempo, la experiencia, la reflexión, el esfuerzo racional, el aprendizaje, pero puede llegar a todo lo mencionado, de modo muy variado, tanto como persona individual como a lo largo de la historia, de modo colectivo o social.

Todo lo indicado presupone una capacidad comprensiva peculiar, que llamamos inteligencia. Para distinguirla de la inteligencia práctica animal, puede denominarse también racionalidad universal, inteligencia universal o personal.

Desde luego dependiendo del efecto y reacción que genera en nuestro ser así se codificara en el sentir.

La inteligencia humana se acompaña, coherentemente, con la capacidad (implícita) de desear o poder “amar” todas las cosas (actos, objetos, personas, obras culturales) por sí mismas, en su valor o amabilidad intrínseca y no sólo en función de intereses instintivos o de la vida material concreta. Esa capacidad tendencial se llama voluntad: poder querer cualquier cosa en cuanto es, y en cuanto es amable se califica como buena.

Por su racionalidad universal y capacidad de amar basada en la inteligencia, el hombre puede arbitrar todo tipo de medios y escoger todo tipo de acciones con el objeto de alcanzar los bienes amados, dentro de las posibilidades físicas disponibles en sus circunstancias. Esta capacidad es la libertad. Por libertad, entonces, puede entenderse tanto el amor mismo personal e inteligente, como la capacidad electiva o decisoria que orienta la conducta intencional. Tal libertad no se opone a vínculos, ya que el hombre puede entender que para conseguir algunas cosas debe (normatividad) escoger y realizar otras. Tampoco significa la libertad que pueda “hacerlo” todo, pues está limitado por reglas y normas impuestas por el rol y el status o por las disponibilidades físicas y por sus deberes: puede usar mal de su libertad.

A la vista de lo dicho, cabe interrogarse por la relación entre las capacidades intelectuales y voluntarias y las activaciones neurales.

El dualismo riguroso introduce drásticamente estas dimensiones espirituales “junto” al cuerpo humano. En cambio, con la visión intencional según la cual el cerebro animal está ya informado por capacidades superiores (Supraconsciente Colectivo Universal), que se realizan de modo propio en la estructura funcional cerebral, resulta más fácil comprender cómo las potencialidades racionales del hombre, por una parte, trascienden de modo absoluto lo corpóreo animal, aunque al mismo tiempo están fuertemente enraizadas en el cerebro, órgano, entre otras cosas, de la sensibilidad superior del hombre.

La inteligencia humana no puede ejercerse sin estar unida a la base sensorial (imaginación, memoria, experiencias concretas), a la que ilumina y de la que se sirve como plataforma. De un modo análogo, la voluntad humana encuentra una continuidad “sistémica” con la afectividad (pasiones, sentimientos y emociones) en sus diversos niveles y manifestaciones de acuerdo a como impactan a su sentir y su relación con el mundo exterior y dimensional (Mental, Espiritual, Social, Económica y Física); así como su impacto en sentir humano afectado los Sentidos de Ubicación, Comunicación consigo mismo, Relación con los demás, el Autovalor o Autoestima y su Realización; todo esto formando una simbiosis perfecta

recuerdos-mente--644x362Esta conexión intrínseca de la razón con la sensibilidad superior exige una continua actividad cerebral. Por este motivo, sin el cerebro, sede propia de la actividad sensitiva humana, cognitiva y afectiva, la inteligencia y la voluntad no pueden operar. El cerebro, en consecuencia, no es un mero “instrumento extrínseco” de la inteligencia. Más bien es un órgano —término que significa “instrumento funcional”— esencial pero a la vez “no proporcionado” de la inteligencia. Pensamos con el cerebro, pero trascendiéndolo, o elevando las longitudes de onda con el proceso mental se accesa a un complejo sistema de mecanismos muy sutiles y al almacén virtual ilimitado.

Se comprende, entonces, que nuestra inteligencia en su actuación concreta esté condicionada por las características y las actuaciones específicas del cerebro órgano virtual, que interviene como causa material desproporcionada. Por otra parte, el hombre necesita no sólo del cerebro o mente para pensar, sino además de instrumentos culturales externos gracias a los cuales su inteligencia “cerebralizada o racionalizada, bajo ciertos aspectos que con lleva a la congruencia” puede operar bien, con continuidad, con amplitud, con grandes asociaciones, con memoria, unida a los sentidos, etc.

Entre estos “instrumentos”, en primer lugar está el lenguaje, sistema de signos sensibles ligados según reglas racionales que la misma inteligencia crea y comprende. Las obras de la cultura, por tanto (lenguaje, escritura, ciencias, ordenadores, sistemas inteligentes, etc.), así como los estímulos y motivaciones que proceden de las relaciones sociales (educación, familia, ambiente) condicionan el ejercicio de la inteligencia de las personas.

Por último, la inteligencia y la voluntad humana operan gracias a un “bagaje” constituido por hábitos que la conforman y potencian, permitiéndole un crecimiento estable (hábitos lingüísticos, científicos, artísticos, comunicativos, virtudes, etc.). Algunos de estos hábitos se reciben gracias a la educación e inculturación. Los que tienen que ver con habilidades perceptivas o motoras, y todos en la medida en que exigen memoria de trabajo y memoria narrativa, la puesta en marcha de mecanismos atencionales, etc., exigen configuraciones neurales específicas, por ejemplo, hábitos musicales, lenguaje, hábitos de dibujo, dominio espacial, etc.. Las diversas inteligencias de que habla Gardner (musical, cinética, analítica, etc.) pueden entenderse como hábitos intelectuales (Gardner 2005).

1153214381_high_spxCuando hablamos directamente de los efectos colaterales de un momento circunstancial determinado (x) en donde nuestra vida haya marcado un impacto trascendental para nuestro diario vivir, estemos conscientes o no de ello, tendremos manifestaciones adversas o cambios en la Actitud, en la Emoción, en el Sentir que afectaran  la Conducta, los Hábitos, la Personalidad, los Hechos, el Cuerpo… Por consecuencia todo nuestro Ser.

Estos efectos de cambios muchas veces no se ven asociados con rasgos agresivos en lo inmediato son paulatinamente como pequeños destellos en un tablero, que nos van alertando que algo acontece, pero son tan sutiles que comúnmente se omiten, hasta que el las circunstancias son aplastadoras es cuando entramos en pánico y emergencia.

El Caos o la crisis timages (10)an solo es un instante en el factor tiempo y espacio multidimensional, en el cual se impregna un acontecimiento o en hecho de la vida cotidiana, que dependiendo de nuestro estado de consciencia o actitud mental preponderante, será la impresión, el sentido biológico y efecto que tendrá para nuestra vida y existencia a partir de ese instante.

En algunas ocasiones este momento puede alargarse, pero siempre dependerá del estado consciente de la fuerza=Ego y la actitud mental en el uso del Poder Personal= Esencia Divina (algunos le llaman Espíritu Santo).

Ya que tan solo se proyectó en nuestra pantalla mental recreando esa circunstancia virtualmente y sujetándola a un matiz emocional o con una carga bioenergética; así lo que interpretamos a través de la percepción, interpretamos, sentimos, pensamos y somatizamos al darle un valor  creemos y lo creamos en la realidad.

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